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Melior finis quam principium

Se acabó . No tiene sentido seguir con este blog en la era de las redes sociales y de lo que vendrá. Desde ahora, trasladaré mis perpleji...

miércoles, 29 de abril de 2009

El sida porcino

No sé a qué viene tanta alarma social con la gripe porcina: bastaría con aplicar las sacrosantas medidas profilácticas que se aplican para el sida, y todos felices.

Con repartir mascarillas, todo resuelto.

lunes, 20 de abril de 2009

¿Argumento irrefutable?

Me han contado que, aprovechando mis días en el extranjero, una columnista de por aquí ha esgrimido un argumento irrefutable en defensa del aborto. Según ella, ni los pro vida nos creemos de verdad que el embrión es vida humana y el aborto un asesinato: si yo creyera eso, estaría organizando un buen follón habría venido a decir.

No está mal, es un buen toque de atención para los pro vida, por acomodaticios y conformistas: deberíamos estar armando una gorda.

Ahora bien, ¿cómo se compadece que le tilden a uno de ultra, extremista, fundamentalista y otras lindezas de ese tenor por oponerse al aborto, y resulte que en el fondo se sea un tibio inconsecuente?

Item más; puedo suponer que la columnista de referencia piensa que Guantánamo, por poner un poner, es un inadmisible crimen de lesa Humanidad, y, sin embargo, no me consta que esté encabezando ninguna contundente acción que porfíe por su cierre.

 Los que leemos el Evangelio ya estamos avisados: si ayuno, dicen tiene demonio, si no, aseguran he aquí un hombre comedor y bebedor, amigo de publicanos y pecadores.

Ladran, luego cabalgamos.

Divorcio, dinero y natalidad

Veo este blog un poco parado..., señala Robert Redford, y con razón; y no es porque no haya que comentar, no. Por ejemplo, he leído estos días cosas como que con la crisis los divorcios disminuyen en España un 30%, que somos el segundo país que mejor acepta el divorcio (del mundo, ojo), y que el índice de natalidad sigue en aumento por estos barrios.

¿Quién lo entiende?

A simple vista parece que muchos divorcios se deben a razones tan fútiles que un poco de falta de liquidez las relega a segundo plano: se entiende que con este planteamiento el divorcio nos parezca guay. ¿Tengo dinero? Me divorcio. ¿No lo tengo? A esperar que pase la crisis.

He estado estos días atrás con un buen puñado de chavales de quince y dieciséis años, y lo que he visto en cuanto a las consecuencias en estos chicos del divorcio de sus padres no es tan guay.

Por último, aunque no menos importante: pese a la crisis, la natalidad aumenta. ¿No era la falta de dinero la causa de que los españoles y españolas no tuvieran los hijos que decían querían tener? Quizá el motivo sea otro

Este blog, se mueve poco, cierto; pero se mueve (Galileo dixit).

Gracias, Robert.