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miércoles, 31 de octubre de 2012

Historias de un Máster. Capítulo III

Pues nada, que el bueno de Blas avanza en su máster viento en popa y a toda vela, sin las emociones y sorpresas del pasado año. Cómo añora, me cuenta, situaciones como la que se presentó uno de los primeros días de clase, cuando después de esperar durante media hora o así sin noticias de Gurb ni de nadie, se presentó el profesor dando unas confusas explicaciones sobre un congreso que estaba montando, un montón de e-mails que tenía que contestar y cierto agobio de trabajo, motivos por los cuales no podía impartir sus lecciones esa tarde.

Blas recuerda enternecido que, ante las tímidas protestas de algunos de los alumnos, el profesor pidió unos tres cuartos de hora para resolver lo más inmediato, regresar luego y aprovechar el tiempo que quedara. La espera la amenizaron en el bar, cosa que se reveló un acierto, porque se alargó hasta que se asomó a la puerta un individuo que les informó tartamudeando de que el profesor no iba a poder venir, hecho lo cual desapareció sin más ceremonia.

¡Qué tiempos! Exclama Blas; ahora, lo más que sucede es que, casi mediadas las dos primeras asignaturas, hay solicitantes que se están incorporando porque acaban de comunicarles que han sido aceptados, y otros que están admitidos y no lo saben porque aún no se les ha comunicado. Pero claro, es que el proceso de inscripción fue en junio, ayer, como quien dice.

viernes, 19 de octubre de 2012

Historias de un Máster. Capítulo II

Como era de temer (ver cap. I, párrafo 2), los dos primeros días de Blas en el máster tienen muy poco que ver con lo del año pasado y los del Carrefour ocupando su clase, nada como que el profesor apareciera media hora tarde, que no encontraran aula disponible hasta pasado un buen rato, etc. Esta vez, puntualidad total, tanta, que como la escuela cierra a las 20:00, hora Merkel, tuvieron que acabar la última clase un cuarto de hora antes y salir a escape.

Además, cuenta Blas, la escuela de salud es un edificio de cuando éramos muy ricos, puesto a todo tren, una maravilla, con bibliotecas, hemerotecas, salas y salones brillantes y relucientes, y por lo general, vacíos.

Las clases muy interesantes, los profesores y profesoras en su sitio, todo muy bien. ¿Todo? Bueno, tampoco es para tanto que el primer día dos tercios de los alumnos aún no supieran si habían sido admitidos, y como solo había un tercio presente, las clases se dieran un poco así como bueno ya saben y cuando estemos todos pues ya si eso.

Minucias.

martes, 16 de octubre de 2012

Historias de un Máster. Capítulo I

Durante el cuso pasado, un amigo mío estuvo haciendo el primer año de un máster en la universidad. Cada vez que contaba cosas de cómo le iba yo pensaba y le decía: "esto merece un blog, esto hay que contarlo".

No lo hice, y me arrepiento: se ha perdido para siempre una crónica real de una realidad surrealista. Por eso hoy, en que mi amigo empieza, en estos momentos, el segundo año del máster, me he propuesto intentarlo. Es probable que no dure mucho, no puede ser tan estupefaciente como lo del año pasado; pero a ver.

Por ejemplo, el año pasado, el primer día del máster, mi amigo, llamémosle Blas, en honor al alter ego de Epi, se encontró con un aula repleta de gente perfectamente trajeada y elegante, "lo que imaginaba de lo que me habían contado del IESE y sitios así", me dijo, él, que iba en traje de faena. Preguntó si estaban allí por el máster: "No, nosotros estamos por lo del proceso de selección del Carrefour". Los del máster estuvieron tres cuartos de hora dando vueltas por la facultad en busca de un lugar donde cobijarse.

Es casi imposible que hoy suceda algo mejor; aunque Blas ya me ha avisado de que han trasladado el máster de la facultad a una escuela de salud pública, de esas que han proliferado en nuestro tambaleante sistema público sanitario.

Recuerdo que otro amigo estuvo una vez en una conferencia en esa misma escuela de salud, en una especie de aula-taller que parecía más la de un colegio de primaria de serie americana que otra cosa. Nada extraordinario sino fuera porque estaban rodeados de kits educativos consistentes, básicamente, en penes de plástico enhiestos sobre unas peanas.

A ver qué nos cuenta Blas cuando vuelva.