lunes, 10 de noviembre de 2008

Con el dolor a cuestas

Josep Baselga, Jefe del servicio de oncología del Hospital Vall dHebrón de Barcelona, sabrá mucho de cánceres, no lo dudo; pero de dignidad anda cojo. Ha dicho: Se considera que el dolor dignifica. Yo creo que es inhumano, resta dignidad y te deja indefenso.

Hasta ahora, tenía entendido que la dignidad se tiene, toda, siempre, ni aumenta ni disminuye, por cuanto es inherente al ser personal. Por tanto, el dolor no dignifica, como tampoco resta dignidad, sino que, correctamente afrontado, manifiesta de modo sobresaliente la dignidad del que lo padece y del que lo socorre.

Hasta ahora, tenía entendido que el dolor es de lo más humano, no hay hombre o mujer que no lo sienta tantas veces a lo largo de la vida; y pensaba que en muchas ocasiones el dolor hacía más fuertes, mucho más fuertes a las personas y a las comunidades, mucho más que la vida muelle de la sociedad del bienestar, que tiende a crear neuróticos.

Ahora bien, si alguien tan sabio y tan acreditado como el doctor Baselga dice lo que dice

Pero no, me resulta tan repulsivo el discurso reduccionista y recortable de la dignidad, que sigo pensando lo mismo que solía.

12 comentarios:

  1. Ya sabes, si alguna vez te duelen las muelas, nada de nolotil. Humanízate, húrgate la caries con un punzón ;-P

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  2. Comentar tu gracieta resulta tan obvio que hacerlo sería un insulto a tu presunta inteligencia.
    Anda, piensa algo mejor, que puede que puedas.

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  3. No he sido yo quien ha dicho que el dolor hace más fuerte a los individuos y las comunidades.

    Lo que hace más fuerte al individuo y los colectivos son las adversidades. Aprender a superarlas y transmitir la experiencia.

    Pero el dolor físico -que es al que se refiere el médico- es inútil, sin aportes positivos y te convierte e un animal aullante. Prueba con un cólico nefrítico, sin ir más lejos, y cuando estés en el clímax del dolor, a punto de perder la consciencia, rechaza la buscapina.

    No entiendo que a algo tan sencillo, haya que buscarle cinco patas. La obsesión por sentir dolor, sea cual sea la justificación que se le busque, es una desviación del comportamiento, y tiene un nombre feísimo.

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  4. Aclaración primera: el cristiano no tiene obsesión por el dolor, ni físico ni moral, al contrario, tiene el deseo de quitarlo o apaciguarlo, en sí y en los demás. Lo que tú dices es una caricatura de libelo.

    Lo que pasa es que el dolor y el sufrimiento son realidades que para los cristianos tienen sentido, y que cuando no se pueden evitar o mientras se quitan, pueden servir para crecer como personas, tanto el que sufre como el que consuela, cura, etc.

    Y de hecho, es experiencia universal que conocer ese sentido ayuda muchísimo a aliviar el dolor y el sufrimiento.

    Comprendo que los que no creen tengan tanto miedo a un dolor sin sentido, al que sólo pueden combatir con pastillas y sicólogos.

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  5. Ahora sí estamos de acuerdo. La "creencia", en efecto, ayuda en cuanto a que actúa como placebo. Es indudable la ventaja de que gozáis los creyentes a la hora de enfrentaros al dolor u otras adversidades. El cerebro reacciona ante la Fe tal y como lo hace una pastilla-placebo recetada por un buen especialista.

    Aunque el principio activo es inexistente, que el paciente lo ignore causa que su cerebro actúe en positivo y provoque diversos efectos físicos y anímicos beneficiosos.

    Los ateos llevamos las de perder. No hemos elegido nacer así, pero la naturaleza nos ha jugado una mala pasada dotándonos de una inteligencia superior. Y bien que nos pesa. Snif. Saludos cordiales. ;-P

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  6. Lamento informarte de que el principio activo no sólo existe, sino que es muy potente, y no tiene "genéricos".

    Pena de inteligencia superior la vuestra; aunque ya sabes que hay varios tipos de inteligencia: ¿a cuál te refieres?

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  7. Baselga es un gran médico oncólogo y un investigador de primera.
    Comparto con él que el dolor no dignifica, al contrario.
    Así que pensad más en lo que escribís. Y, sobre todo, que cada cual decida. Yo decido evitar el dolor para ser más digno.

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  8. Baselga será un gran médico; pero quizá por estar demasiado cerca de su objeto de estudio y trabajo tiene una visión reductiva: sólo considera el dolor; pero no al que lo sufre, que es más fuerte que el dolor.

    Francamente, no sé cómo puedes evitar el dolor, vivir significa, en parte, dolor, y vivir tratando de evitarlo a toda costa no sólo no dignifica, sino que impide vivir.

    ¿Realmente piensas que eres más digno cuando no sufres?

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  9. Para referirse al dolor con semejante aplomo es necesario haberlo experimentado. Cambiaelmundo, ¿has sufrido una quemadura grave? ¿te han colocado huesos rotos o te han abierto una brecha de 4 cmts. en la carne con una tijera sin anestesia? Si tienes experiencias similares y te han llenado, es tu opción o tu naturaleza.

    Que otros opten por evitar el dolor o cómo se sientan ante él, es algo que no debería afectarte.

    Por más extraño que te resulte, yo decido sobre mi cuerpo si tengo la opción, sobre mi vida y mi muerte. Evidentemente ésto no encaja con tus creencias, pero es que son TUS creencias. Las mías son otras. Ni mejores ni peores. Distintas. Es al mejor y único pacto al que se puede llegar en una cuestión como ésta. Yo no pretendo convencerte con mis creencias, a cambio de que tú hagas lo propio conmigo. Y me refiero a los grupos de opinión, no a tí y a mí en concreto.

    Los individuos somos éso, individuos, distintos unos de otros. Lo que a tí te beneficia, a mí puede perjudicarme, y viceversa.

    Lo que está claro es que no nos vamos a convencer mutuamente, ya que tus convicciones son tan profundas como las mías, por más que estés convencido de la divina procedencia de las tuyas.

    Un saludo.

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  10. Isaak, no me tergiverses. Soy tan partidario de aliviar el dolor como tú; digo sencillamente que el dolor no quita dignidad, y que cuando se afronta, porque no queda más remedio o mientras se alivia, engrandece al que lo padece y a los que le acompañan e intentan aliviarlo.
    Lo que digo es que el dolor no puede ser una excusa para la eutanasia, el suicidio y el aborto, porque toda vida humana es igualmente digna siempre.
    Además, está comprobado que donde han instituido la eutanasia -por ejemplo-, para enfermos terminales y a petición, están asesinando a personas que ni son terminales ni lo han pedido. Así que no me da igual en qué tipo de sociedad vivo, me afecta, y mucho, que a mi alrededor se extienda la cultura de la muerte.
    Por último, soy de los que piensan que hay que buscar lo que beneficie a todos, el bien común, y que hablando podemos llegar a acuerdos de convivencia, porque aunque pensemos diferente en algunas cosas, es mucho más lo que nos une, como la común naturaleza y dignidad humanas.
    Un saludo,

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  11. Cambiaelmundo, el bien común es siempre relativo. Suele decirse que un jersey es aquéllo que una madre le pone a un hijo, cuando ella tiene frío. Es una medio broma, pero creo que bastante ilustrativa.

    Para mí, la dignidad es morir cuando YO quiera morir. Por el momento, sería preferible dejar a un lado la posible degradación o corrupción de un sistema o legislación que abriese esta posibilidad, y centrarnos en el aspecto ético-teórico. En cuanto al aborto, que mencionas, no lo admito de ninguna de las maneras, ya que según mis principios, nadie puede ni debe disponer de la vida de otro ser humano en ningún momento de su existencia sin su consentimiento, que en mi opinión comienza en el momento de la fecundación.

    Mi posicionamiento es simple y creo que justo: Si tú quieres vivir, yo no debo quitarte la vida. Si yo quiero morir, tú no debes impedírmelo. Se llama libertad. Y se llama respeto.

    Alguien dijo que se halla el mismo grado de crueldad en matar a alguien que quiere vivir, como en obligar a vivir a alguien que quiere morir. (¿lo he repetido ya? es que tengo la impresión, pero no me apetece repasarme todos los comentarios ;-)

    Insisto en que los seres humanos somos distintos unos de otros, las emociones, las creencias, los princios morales para unos y éticos para otros, las prioridades, y un largo etcétera de variables que hacen único a cada individuo.

    De acuerdo contigo en la búsqueda del bien común, pero cada vida pertenece al ser que la posee, y es él quien debe decidir si la toma o la deja.

    Ojalá nadie tuviese motivos para desear morir. Pero quien crea que los tiene, debe ser respetado.

    Buen fin de semana.

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  12. Lo malo es que los planteamientos ético-teóricos no resisten la más pequeña prueba de realidad, y vivimos en este mundo terrenal, no en el platónico de las ideas. Hay que tener cuidado, porque muchas teorías, al poco, se convierten en un río de sangre.
    La dignidad humana está siempre por encima de la consciencia y del dolor; cualquier matiz a esto se convierte en tragedia real y sangrante, como nos muestra tercamente la experiencia.

    Por otro lado, pienso que uno no puede acabar con su vida cuando quiera, porque todos tenemos responsabilidades respecto de los demás. En cualquier caso, si uno decide, no puede obligar a los demás a que respeten su decisión, pues una sociedad humana tiene obligación de dar sentido a la vida de todos sus miembros: si no me importa que el de al lado viva o muera, ¿cómo va a importarme todo lo demás?
    Pero mucho menos puede uno exigir a otros que le quiten la vida, que es lo que pasa.
    Saludos,

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