lunes, 23 de mayo de 2011

Pobres incomprendidos

Si hay algo que me causa perplejidad (en realidad me incinera) es tener a los políticos hasta en la sopa, haciendo declaraciones que no son más ruido y para que sepamos que siguen ahí. Además, tengo la comezón de que nos tratan como a tontos: por eso ha-blan des-pa-ci-to y en parábolas ("la Tierra no es de nadie, es del viento"), y no tienen reparo en mentir y contradecirse, como si tuviésemos alceimer avanzado.


Las elecciones como las de ayer elevan el fenómeno al paroxismo. Ya me sulfura que salgan los vencederos a agradecer la confianza depositada en ellos: que no, oiga, que no me tiene que agradecer nada, lo que tiene que hacer es ponerse a trabajar bien, que para eso le pagamos, y ojo con meter la pata, o la mano, que se las cortamos.


Pero la broma macabra es la de los perdedores. Dice el fracasado candidato verde de mi ciudad de acogida que los electores no hemos entendido su programa de ciudad: ¿no será que usted no ha sabido explicarlo? O, peor aún, ¿y si resulta que sí lo hemos entendido y por eso mismo, precisamente, no lo hemos votado?
La palma se la lleva el defenestrado alcalde comunista de Córdoba, que después de la debacle (- 15%) se descuelga con que los ciudadanos se han equivocado votando a los populares (+ 50%). ¡Olé talante democrático y respeto por la voluntad popular!


De todos modos, en el fondo, me encanta cuando a los comunistas se les eriza el plumero.