sábado, 7 de mayo de 2011

Sobre beatificaciones

La razón política lo devora todo, consume hasta acontecimientos inmensos y de complejidad máxima como son la vida y la obra de un pontífice inabarcable como Juan Pablo II, y el tan sencillo como grandioso acto de su beatificación.


Lo digo porque leo en mi prensa de referencia comentar la reciente ceremonia en términos como los siguientes: "Benedicto XVI beatifica a Juan Pablo II por su contribución a la caída del comunismo"; o, "La Iglesia reconoce la relevancia de Juan Pablo II en la historia del siglo XX".


Joaquín Navarro-Valls, durante tantos años portavoz del Papa Juan Pablo II, sale al paso de este desenfoque en una reciente entrevista (El Mundo, 30 de abril): "Con la beatificación de Juan Pablo II no se trata de hacer un juicio histórico sino de saber si vivió en grado heroico las virtudes".


Historia, virtudes. ¡Qué lejos está la razón política de toda trascendencia, es decir, de la realidad! Porque la razón política -este es el gran peligro de su absolutización-, es terriblemente reduccionista.