martes, 14 de febrero de 2012

Macedonia de setas alucinógenas

Y es que uno no da abasto con sus perplejidades y empieza a mirar con sospecha al trozo de tarta del desayuno, como los presuntos asesinos del primer ministro serbio, que se niegan a comer por miedo a ser envenenados (ellos sabrán de qué hablan).


Empiezo por lo más incorrecto políticamente: todo son albricias y aleluyas por el nacimiento de un bebé destinado a salvar la vida de otro: "ciencia al servicio de la vida", gritan todos alborozados. Bien, enhorabuena por Estrella, Antonio y sus padres...; pero, ¿por qué nadie habla del resto de hermanos concebidos in vitro y desechados para el trasplante? ¿Cuántos han muerto para que estos dos vivan? Es solo una reflexión perpleja, nada más lejos de mi ánimo que aguar la fiesta.


Ahora otro asunto: ¿Alguien se acuerda de aquel tipo que se hizo famoso -y más rico aún-, a costa de meternos miedo con lo del calentamiento global? Porque anoche batimos récord de frío en mi ciudad de acogida, - 9, 2 grados centígrados, y llevamos sin quitarnos la bufanda desde los turrones.


Descendiendo a lo local, leo que un sindicato de la enseñanza ha organizado una jornada para declarar su "amor" por el sistema público de educación, aprovechando la cursilería del día de San Valentín. Están en su derecho, claro; pero uno preferiría que manifestasen amor por la educación simpliciter, sin sectarismos.