lunes, 20 de agosto de 2007

Sin Misa, y me da la risa

He seguido con creciente estupefacción los acontecimientos acaecidos en Albuñol, pueblo de la costa de Granada, al que el arzobispo, en uso de una de sus legítimas potestades, le ha cambiado el cura, provocando un considerable revuelo entre cierto sector de la feligresía. El otro día hablaba con el párroco de mi pueblo a propósito del tema, y éste resumía en una frase lo que ocurre con los destinos y los cambios de cura en los pueblos: "A un pueblo nadie va obligado, ni se le traslada si no quiere ser trasladado". No es la primera vez que un cura diocesano me dice esta frase, y creo que refleja perfectamente lo que está ocurriendo. Alguien manipula la situación. ¿Quién está interesado en hacerlo y por qué? Este domingo, los feligreses que creen en Dios "y no en los curas" se han quedado sin Misa, por primera vez en años. Y a mí me da la risa, y la risa se me congela en los labios, al ver lo poco que los feligreses saben sobre cómo funciona su Iglesia que, para que nadie lo olvide, no es democrática, sino jerárquica. A lo único que tienen derecho los feligreses "insurrectos" de Albuñol es a que el arzobispo, iluminado por el Espíritu Santo, les envíe un cura igual o mejor que el que tienen. Del circo que han montado algunos medios escasos de noticias y más escasos todavía de ganas de trabajar, mejor ni hablo.
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