Pareados:
Izquierda Unida está dividida.
Cuantos menos son, más discusión.
Perplejidad, del latín perplexistas,-atis, irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en una cosa
Pareados:
Izquierda Unida está dividida.
Cuantos menos son, más discusión.
Pobre Luis García Montero, el poeta, el profesor, el mártir de la verdad. Por dar la cara en defensa de la ortodoxia, del dogma, por salir con justa ira para restituir el honor ultrajado de un santo, ha sido condenado a pagar una multa y a indemnizar a un blasfemo, a un don nadie que sólo busca protagonismo.
Pobrecito Luis, víctima de un poder omnímodo que tiene secuestrada la cultura patria y de una casta de jueces anclados en el pasado que tiene secuestrada la Justicia. Mírenlo ahí, solo, cual Juana de Arco en la hoguera, sufriendo en soledad su condena, arropado únicamente por unos pocos fieles de la iglesia culta, brillante y moderna; atendido por unos pocos medios de información verdaderamente independientes.
¿Cómo va a poder seguir enseñando en una Universidad en la que se puede blasfemar impunemente del santo de su mismo apellido? ¿Cómo no ceder al desánimo en un país en el que no se puede insultar públicamente en el diario de mayor tirada al hereje sin ser aplaudido? ¡Claro que es como para marcharse! Para marcharse y para no volver.
Pero no se apuren, viejas beatas que suspiran poemas en la tranquilidad de los ateneos: nuestro héroe volverá, incluso me atrevo a decir que ni siquiera se marchará, que responderá a nuestros humildes y afligidos ruegos, y lejos de desampararnos, seguirá protegiéndonos con su pluma flamígera y su lengua de doble filo de los poderes infernales.
¡Vade retro, Fortes y las obras del mal!
Me ha llamado la atención al leer la prensa de hoy. Como era de esperar, la muerte de dos soldados españoles en la guerra de Afganistán acapara portadas y primeras páginas, con despliegue informativo, infográfico, fotográfico, despieces y editorial.
Hasta aquí, normal.
Hasta que en uno de los diarios leo en la página 32, en la sección de sociedad, quince líneas a una columna, que durante el fin de semana han muerto 27 personas en las carreteras españolas. 27 pacíficos ciudadanos de a pie, en la pacífica tierra nuestra.
Un aspecto de la famosa distinción entre la realidad pública y la realidad publicada.
Josep Baselga, Jefe del servicio de oncología del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, sabrá mucho de cánceres, no lo dudo; pero de dignidad anda cojo. Ha dicho: “Se considera que el dolor dignifica. Yo creo que es inhumano, resta dignidad y te deja indefenso”.
Hasta ahora, tenía entendido que la dignidad se tiene, toda, siempre, ni aumenta ni disminuye, por cuanto es inherente al ser personal. Por tanto, el dolor no dignifica, como tampoco resta dignidad, sino que, correctamente afrontado, manifiesta de modo sobresaliente la dignidad del que lo padece y del que lo socorre.
Hasta ahora, tenía entendido que el dolor es de lo más humano, no hay hombre o mujer que no lo sienta tantas veces a lo largo de la vida; y pensaba que en muchas ocasiones el dolor hacía más fuertes, mucho más fuertes a las personas y a las comunidades, mucho más que la vida muelle de la sociedad del bienestar, que tiende a crear neuróticos.
Ahora bien, si alguien tan sabio y tan acreditado como el doctor Baselga dice lo que dice…
Pero no, me resulta tan repulsivo el discurso reduccionista y recortable de la dignidad, que sigo pensando lo mismo que solía.
Estamos vigilados, cámaras de tráfico en las calles, cámaras de vigilancia en los comercios y en los edificios públicos, y ahora cámaras en los taxis. Por si fuera poco, hay gente que pone cámaras conectadas a los ordenadores para mostrarse al mundo.
Estamos locos.
Me declaro objetor de conciencia de videovigilancia: no quiero que me graben sin mi permiso, me espíen, me vigilen. No quiero salir a la calle y que personas que no conozco vean y archiven a dónde voy, en qué sitios entro o de qué sitios salgo, cómo voy vestido o si me hurgo la nariz.
Por lo pronto voy a empezar con los taxis; no cojo muchos, pero sí alguno de vez en cuando. A partir de ahora preguntaré primero si lleva cámara, y si se da el caso, buscaré otro.
¿Cámaras? No gracias.
Leo en el periódico que el Instituto Nacional de Consumo ha elaborado un estudio concluyente: el hogar es donde se registran más accidentes domésticos.
Pues vaya: si no tiene nada más interesante que hacer que estudiar perogrulladas, ¿no podríamos ahorrarnos los contribuyentes el dinero que cuesta este Instituto?
Del libro Jesús de Nazareth, de Benedicto XVI, comentando el pasaje de la segunda tentación de Cristo:
El diablo muestra ser un gran conocedor de las Escrituras, sabe citar el Salmo con exactitud; todo el diálogo de la segunda tentación aparece formalmente como un debate entre dos expertos de las Escrituras: el diablo se presenta como teólogo, añade Joachim Gnilka. Vladimir Soloviev toma este motivo en su breve relato del Anticristo: el Anticristo recibe el doctorado honoris causa en teología por la Universidad de Tubinga; es un gran experto en la Biblia. Soloviev expresa drásticamente con este relato su escepticismo frente a un cierto tipo de erudición exegética de su época. No se trata de un no a la interpretación científica de la Biblia como tal, sino de una advertencia sumamente útil y necesaria ante sus posibles extravíos. La interpretación de la Biblia puede convertirse, de hecho, en un instrumento del Anticristo. No lo dice solamente Soloviev, es lo que afirma implícitamente el relato mismo de la tentación. A partir de resultados aparentes de la exégesis científica se han escrito los peores y más destructivos libros de la figura de Jesús, que desmantelan la fe.
Aviso para esos teólogos engreídos que tanto bufan cuando el Vaticano les pide que revisen algunos de sus planteamientos.
La Asociación Humanista Británica, con dinero del falso profeta Richard Dawkins, prepara una campaña a favor del ateísmo con anuncios en los bus de London. El lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta”.
Por un lado, se ve que el ateísmo necesita campañas de promoción, a estas alturas.
Por otro, si no hay Dios, empiezo a preocuparme seriamente, con lo que estaba disfrutando hasta ahora…
Es el título de una película, cuyo cartel promocional no quiere pasear por Madrid la empresa municipal de transportes correspondientes (EMT).
No he podido evitar ver el cartel de marras, y la decisión de la EMT me parece absolutamente correcta.
Ahora bien, por lo que yo enviaría a los autores de la película y a los perpetradores del cartel al patíbulo no es por la foto (que también), sino por la cagada gramatical del lema: “Por fin había descubierto el camino a seguir…”.
A seguir. Sólo por esto habría que censurar el cartel y retirar la licencia a su chapuceros fautores.
Acaban de alumbrar en Sevilla a Javier, “niño medicamento” querido para que la sangre de su cordón umbilical cure a su hermano Javier de su “beta-talasemia major”, una grave enfermedad hereditaria.
La técnica aplicada supone, primero, la fecundación artificial; aunque la pareja sea fértil, y, después, la doble técnica de selección embrionaria y perfil genético idéntico.
Dicho en román paladino, de los varios embriones fecundados (no sé cuántos en este caso), se desechan los que tienen la enfermedad, es decir, se los mata, y luego se desecha a los sanos, es decir, se los mata, para quedarse con uno, que es el que se implanta.
Javier nace para salvar a Andrés; pero por el camino se han quedado Pepe, Antonio, Marta, Aurelio, Sofía y no sé cuántos más.
Eso es... la bolsa.
Una vez llegó al pueblo un señor bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, que está dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $-10.
Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos.
El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $-10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés; entonces el hombre ofreció $-20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $-25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $-50 por cada mono, pero, como tenía negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:
- Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $-35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $-50 cada uno.
Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del 'jefe'.
Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe.
Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
AHORA YA SABES COMO FUNCIONA TANTO LA BOLSA COMO LOS MERCADOS DE VALORES
Mi carta publicada el domingo 28 en IDEAL:
Sr. Director:
Ultracatólico, así define en portada y en el interior su periódico al nuevo presidente del CGPJ y del Supremo. Tildarle de “muy religioso” ya me parece una intromisión ilegítima en la intimidad de la persona; pero hacerlo de ultracatólico, como hace su periódico, me parece difamatorio, por el inequívoco carácter negativo que el antecedente “ultra” tiene en estos casos.
Por otra parte, uno puede ser más o menos piadoso, practicante, etc., siempre con la dificultad de definir dónde está el más o el menos; pero católico se es o no se es. En cualquier caso, es esta una cuestión para dilucidar en una entrevista, un apunte biográfico o cosas así, si el entrevistado se aviene a tratarla, y probablemente como una más entre otras, quizá sin ser la más destacable; pero no me parece que deba formar parte de una información, de una noticia sobre una cuestión institucional y profesional, en la que deben valorarse méritos y capacidades, más que juzgar intenciones en función de las creencia religiosas.
Como lector diario de su periódico, sepa que me ha molestado el modo en que se ha tratado esta información, que parece hecha a rebufo de la pauta marcada por otros diarios en función de sus intereses partidarios, cuando IDEAL puede presumir de estar por encima de adscripciones que desfiguren su trabajo periodístico.
Atentamente,
Los “emo” (emocore, de la corriente musical emotional hardcore, una especie de romanticismo gótico), tribu urbana de origen punk, están tristes: en países como Rusia o México se les considera un peligro de salud pública para los jóvenes por su aproximación al suicidio.
Pero resulta que la filosofía emo consiste, al parecer, en desear una vida basada en el sufrimiento, la tristeza y la melancolía. Deberían alegrarse de que no se les comprenda.
Pero claro, si se alegran ya no son emo como deben ser, luego por eso están tristes, porque sufren incomprensión, que es lo que más desean.
Un poco lío sí que es, la verdad. Un lío triste.
Crecí al amparo, entre otros defensores de la ley, de Starsky y Hutch, la pareja poli bueno-poli duro del coche rojo con el rayo blanco.
Los políticos que gobiernan mi atribulado país deben haber visto también esta serie de televisión.
La Vicepresidenta del gobierno anunció ayer que el debate sobre la reforma del aborto se va a realizar de forma serena, y que “todo el mundo debe tener la tranquilidad de que va a ser escuchado y de que se va a buscar el máximo consenso”.
Poli bueno.
Hoy, el vicesecretario del partido gobernante (socialista) asegura que la reforma saldrá adelante “porque ni las políticas antisociales del PP (oposición) ni la jerarquía eclesiástica les pararán”.
Poli malo.